En Pacaraima, una acogida que reconforta el corazón

misión

Contemplar a Dios en todas las cosas, como pide San Ignacio de Loyola, no siempre es fácil, hay que mirar más allá de las capacidades humanas, hay que ver con el corazón, y a menudo estamos entrenados para ver solamente lo superficial, «lo esencial es invisible a los ojos» Antoine de Saint-Exupéry.

Dios es el gran esencial de nuestras vidas, experimentar a Dios en nuestros momentos de oración, cuando estamos en la iglesia, cuando todo parece ir bien, en situaciones de transfiguración, ante la belleza de la vida, en el sacramento de la Eucaristía, no es difícil, pero ver a ese mismo Dios en las realidades del dolor, contemplarlo en los rostros desfigurados, en los gritos de auxilio, en tantas realidades donde la vida nos grita, requiere un poco más, necesitamos usar los lentes del amor, la compasión y la misericordia.

Relato aquí una experiencia vivida en esta primera quincena de 2022, donde pude experimentar a este DIOS DE LA BONDAD en una realidad tan flagrante. Desde el año 2013, Venezuela ha vivido una gran crisis socioeconómica y humanitaria, lo que provocó un gran flujo migratorio de su población hacia Brasil y el estado de Roraima ha sido uno de los que ha acogido a muchas personas, debido a que es fronterizo con este país, especialmente con la ciudad de Pacaraima. En esta ciudad contamos con la presencia de la Vida Religiosa Consagrada, la Congregación de las Hermanas de San José, que tienen una hermosa misión en el cuidado y defensa de la vida de este pueblo venezolano. Y por la gran gracia de Dios pasé quince días en esta comunidad.

Ya había visitado Pacaraima en 2017. ¡Qué escena tan triste! Muchas personas siguen en la calle, porque a pesar de la existencia de algunos órganos e instituciones y de la «Casa de Acolhida São José» (lugar coordinado por las Hermanas) que prestan servicios y ayuda humanitaria, no son suficientes para atender las necesidades de todas esas personas. En la «Casa de Acolhida São José» las mujeres, niños y adolescentes encuentran un refugio seguro y cálido. El equipo que trabaja junto a la hermana Ana María está siempre dispuesto a ayudar y asistir a estas personas, buscando sus derechos, ofreciéndoles refugio, comida e incluso medicinas. He escuchado de muchas mujeres: » «¡Esta casa es una bendición! Esta Hermana es una bendición!»A pesar de ser una casa de paso, allí estas personas encuentran la esperanza para continuar en la búsqueda de lo que está explícito en sus rostros sufrientes: «¡Todo lo que queremos es VIVIR!»

Sor Ana María ha desarrollado una labor muy profética en esta realidad, dedicándose incansablemente en la defensa y protección de estas personas; por muchas veces, sentí la presencia de Santa Dulce de los Pobres en la persona de la Hermana. Y en esta realidad, en medio de las dificultades, sentimos con fuerza la mano providente de Dios. ¡La bienvenida consuela esos corazones! Escuchando a la gente, compartiendo parte de mi tiempo con ellos, esforzándome por transmitir un mensaje a pesar de mi pobre español, vi a Dios en el exilio, lo toqué, lo abracé en esos niños, ¡me habló!

Hermana Marinéia de Jesus Silva – RMNSD