En María somos también pesebres que acogen al Salvador

Navidad

El nacimiento Señor nos invita a una profunda búsqueda y espera interior. Jesucristo es la centralidad de nuestra espera. Es Él quien da sentido a nuestras búsquedas y es en Él que buscamos cada vez que celebramos la Navidad, renacer hacia una vida nueva, dejando que Él se haga en nosotros. La Virgen María asume en esta venida de Cristo un papel fundamental, pues Dios ha querido precisar de la persona humana para completar su plan de Salvación de toda la humanidad. Y María fue esta persona plena, a quien Dios miró con benevolencia y encontró en ella adhesión, espacio y acogida necesaria para la venida del Verbo de la Vida. Según lo expresado por el Papa Benedicto XVI, «el Adviento es este tiempo de espera, caracterizado por la presencia marcada de María como la que supo vivir la espera».

Rezando el Evangelio de la Anunciación, pienso en el diálogo de María con el ángel del Señor. El Enviado de Dios hace todo un recorrido pedagógico para que María comprendiera cuál era el proyecto de Dios y cómo podía contribuir. La escucha atenta de María es otro aspecto hermoso de este tiempo de Adviento. María supo no solo ver, cómo escuchar los signos. Y comprendiendo, ella se dispuso en un total «Hágase». Y al final del encuentro el texto dice: «Y el ángel la dejó – Lc 1, 38». La palabra estaba dada y el compromiso asumido. Y como en los días de la Creación, se hizo el SOL de la Vida que vino a visitarnos.

En María estamos llamados y llamados a decir sí al Señor y en una adhesión firme, dejar que se formen en nosotros las facciones de su Hijo. Que la Virgen María, mujer que se abrió enteramente para recibir al Salvador, haga de nosotros pesebres para acoger, hacer crecer el Verbo divino en este mundo tan carente de esperanza, de sentido de vida, de misericordia y amor.

Por Sor María Adelma – RMNSD